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Bajar del edificio y tener que hacerlo por escalera porque alguien olvidó la puerta del ascensor abierta. Caminar por la Cañada y ver cómo alguien que iba cruzando sin mirar porque llegaba tarde y se le pasaba el colectivo para ir al call casi es atropellado, mientras el conductor venía leyendo whatsapps de un trabajo en un teléfono mientras miraba el GPS de Uber en el otro. Llegar a la cita en el café que tenía agendada y que la otra parte involucrada no aparezca porque lo olvidó, o se quedó dormida, o no lo anotó, o lo anotó y no recuerda dónde, pero al final no pudo ir porque le cambiaron el turno de diez minutos en el médico para las 9:25 y si no llega a las 9:10 no le pueden validar el token. Mientras tanto, el conductor que casi atropella al pibe del call se putea con un inspector municipal porque le quieren retener el auto, dejándolo sin su fuente de trabajo.
La Mujer Urbana cansada. Edición de la obra original de Antonio Seguí.
Me pido un café, pero para eso me hacen escanear un QR que no funciona, y las cartas en papel tienen los precios desactualizados. No los suben hace varios meses, pero aun así la cafetería está vacía. El mozo habla con su compañera de la caja intentando convencerla de compartir alquiler, así de una vez por todas pueden dejar de hacer horas extra en el turno noche, que tampoco les rinde porque el bondi ya no pasa y se tienen que volver en un Uber que a esa hora sale casi el triple. Por su parte, el inspector municipal que logró el cometido municipal de retener el auto del Uber y cobrar una sustanciosa multa, llegaría más tarde a su casa desecho porque el colegio de los chicos aumentó y la obra social no le quiere cubrir los tratamientos odontológicos que necesita la mujer.
No me interesa desarrollar demasiado la obviedad de que cuando la gente está cansada comete errores involuntarios constantes. La literatura psicoanalítica no se ha detenido demasiado en eso. En otros territorios, el concepto de fatiga cognitiva describe este fenómeno, pero sin haberse detenido, en este caso, en los factores por fuera de lo biológico, lo orgánico, la higiene de los hábitos (el sueño, fundamentalmente) y las explicaciones desde lo individual. Pero por algo será que pasa a ser hablado en la lengua común. Algo, quizás eso quiere decir respecto de esta forma de malestar en la cultura. Freud distingue tres fuentes del malestar humano: las fuerzas de la naturaleza, la perentoriedad del propio cuerpo y las relaciones con los otros. Nos encontramos con algo que, al menos, combina los dos últimos, quizás los tres si pensamos el sistema productivo en su complejidad. La gente está cansada.
Byung-Chul Han publica La sociedad del cansancio en 2010. Su tesis central en ese libro es que se pasa de una sociedad capitalista e industrializada, donde el trabajador debía ser disciplinado desde el exterior, con autoridades claras y definidas, para producir más y mejor, a una sociedad donde el individuo es disciplinado desde el interior, por sí mismo, para consumir más. De esta manera, el sistema productivo puede seguir generando riqueza a pesar de haber llegado a un límite posible para el cuerpo del trabajador por las vías disciplinarias, cuyo ápice fue la línea de producción. Para esto, y aquí ingresa mi pincelada (inspirada por Freud y Lacan), las identificaciones pasan a gobernar el actuar en lugar de los ideales, que suponían a veces una restricción, una obligación moral, un imperativo simbólico como principio exterior que ponía al goce en menos. Las identificaciones a los imperativos de consumo que bombardean la atención provocan un empuje a consumir y gozar sin límites. Imperativos que llegan constantemente, que constantemente se aparecen en la pantalla que tenemos en la palma de la mano. Dice Zygmunt Bauman: “Compro, luego existo”.
La confusión entre el ocio y el neg-ocio es la más notoria de las consecuencias. Así como se intenta convertir los espacios de trabajo en lugares divertidos, friendly, positivos, zen, algo deleznable para los abuelos de muchos, también el trabajo colma sin límites los espacios por fuera del mismo. Martín Kohan, en una interesante entrevista, conversaba acerca de la ingrata sensación de tener toda la productividad en la palma de la mano. Algunos ejemplos son el banco en tu casa, el WhatsApp del trabajo, la agenda todo el tiempo. Estas lógicas invierten quién trabaja y lo ponen a trabajar a uno. Pero además de eso, la lógica de la productividad y el neg-ocio también ha colonizado la vida fuera del trabajo, estrictamente hablando. La actividad física y el deporte se vuelven requerimientos, calorías que quemar, pasos que contar, sumatorias y multiplicaciones de proteínas y nutrientes alimenticios que nos vuelven contadores de sí-mismos. Las vacaciones se vuelven una obligación, y el viajar se vuelve un coleccionar banderitas de países visitados para la descripción de un perfil en Instagram y sus historias destacadas. El ahorrar no es “para” algo, sino por satisfacer números que se ponen en verde -rara vez, para muchos- en una app de inversiones financieras de dudosos consejeros. Incluso el puro y exclusivo descansar, el noble acto de dormir, pasa a estar monitoreado por relojes y aplicaciones. Money never sleeps, dice la frase. Yo diría, hoy, productivity never sleeps.
Un mundo efímero, en crisis inmobiliaria a nivel mundial, en crisis vocacional, en crisis identitaria, y con crisis de sus ideales, poco ayuda a la planificación. No analizaremos aquí las razones, que son muchas, de por qué la lógica es lo instantáneo, lo inmediato, de por qué es imposible proyectar, de por qué no hay crédito hipotecario accesible ni por qué hay la posibilidad de pensarse en un trabajo a largo plazo sin que eso suponga estancamiento. Mi aporte, a Cba Today, a "Córdoba hoy", es pensar un poco en ese frenético ritmo plagado de exigencias que llevan a la generalidad de estar cansados. No necesitamos explicaciones mega-desarrolladas ni complejas. Guillermo de Ockham, fraile franciscano y gran representante de la filosofía y de la lógica, hizo bien al afilar su navaja y enseñarnos que a veces, la razón correcta, es la más sencilla de las razones. Y, la gente está cansada.
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Esta nota fue redactada al 100% por un individuo en situación de humano. Cualquier uso de máquinas inteligentes y virtuosas se redujo al mero acceso a la información, investigación y creación de imágenes absurdas.