Reflexiones sobre el delay, la sorpresa y el cable coaxial. ¿Por qué nos desesperamos cuando nos gritan los goles?
El terror
Llegás a la casa de tu amigo y ves que todos se mueven para encontrar la aplicación que transmita el partido de la Selección, con menos demora y mejor calidad. Entonces recordás haber visto en TikTok cómo una chica ponía una antena en una papa y tenía señal.  Agarrás el celu y le preguntás a tu compañero de trabajo cómo se llamaba el cable que había que comprar, pero no hay tiempo porque está por empezar el show. Para el partido siguiente, si todo sale bien, ya encontraste la solución: una antena. Y así fue cómo en 2026 pusiste una antena y sabés qué es y cómo funciona un cable coaxial.
Cuando empieza el partido, tu amigo no fumador pide que cierren todo, que no entre aire ni sonidos. Dice que el volumen más alto es para no enterarnos lo que pasa afuera, que es mejor el hermetismo total. Entonces vos, que no habías considerado eso como un problema, ahora tenés una preocupación que antes no estaba: no querés que te griten los goles. Y empezás a preguntarte qué implica un grito externo, desconocido, de festejo. Ves cómo todos están atentos a distintos medios buscando la inmediatez. Y sucede algo terrible: un vecino, el de arriba, está cuatro segundos adelantado. Ahí, en una jugada que parecía insignificante, escuchás un grito, ese grito. Te cantaron el gol, y algo mucho peor: te arruinaron la sorpresa. 
La sorpresa
Vivimos tiempos de hiperconectividad, una dinámica constante en la que las personas se vinculan entre sí a través de dispositivos, todo el tiempo y de forma instantánea. Durante este Mundial nos vimos envueltos en un estilo de interés colectivo por no tener delay. Sí, por no tener delay de unos segundos. En el mundo del on demand, estamos desesperados por ver las cosas en vivo, instantáneamente.
El scroll, la inmediatez de las RR.SS., el "fear of missing out", la certeza de que un Chat GPT algo te va a responder y, sobre todo, la obsesión por lo instantáneo, puede que nos estén empujando a buscar la novedad. Nos desesperemos por estar sorprendidos y al tanto, la gran contradicción que tenemos actualmente. Siempre queremos saber qué pasa… por nosotros mismos.
@Annarcedo en TikTok mostrando la desesperación por el delay.
Actualmente creemos controlar lo que consumimos todo el tiempo. Por ejemplo, en las redes sociales seguimos cuentas y curamos el algoritmo para que el contenido sea relacionado a nuestra elección previa, con sorpresas que podemos prever Y controlar. Cuando todos compartimos un interés, en este caso la Selección, se vuelve más complejo el control de la sorpresa porque ahora no depende de nosotros mismos. Es un evento que sucede en vivo, no por pedido, ni con pausas o +/- 10 segundos. 
En la dinámica de lo instantáneo no suelen haber novedades (ya las conocemos o sabemos lo que podemos llegar a leer), entonces comenzamos a buscar sorpresas desesperadamente, como "scrollear" sin parar hasta ver algo que nos satisfaga. Lo instantáneo, por lo tanto, es mucho más efectivo cuando se ajusta a lo que necesitamos y velozmente lo gestionamos nosotros mismos. No sólo no queremos perdernos de nada, sino también queremos auto-proveernos la información. Yo quiero confirmar por mis propios medios lo que sucede. Pero, ¿qué pasa cuando nos cantan un gol? Catástrofe. Alguien me impuso la sorpresa que no me autogestioné. 
Quizás una parte de este fenómeno de autogestión de la sorpresa venga de ser prosumidores, o sea productores y consumidores en un mundo de hipermediaciones. Éste es un concepto que Scolari define como procesos de intercambio, producción y consumo simbólico en un entorno con una gran cantidad de sujetos, medios y lenguajes interconectados tecnológicamente de manera reticular entre sí. Pero sin irnos de foco, incorporando la hipermediación, podemos decir que el miedo al delay puede venir de esta generación de sentido constante que se está volviendo previsible.
Sorprendernos se vuelve un objetivo casi cotidiano. Lo vemos en TikTok con niños abriendo dumplings de juguete, las figuritas del Mundial, el terror por el spoiler de series, el scroll en Twitter y reels. Buscamos algo nuevo, una sorpresa. Y acá está la gran contradicción: la sorpresa no se busca, aparece. 
Anna Haifisch en el New York Times.
El partido
Propongo tres arquetipos de víctimas del delay durante los partidos:
El pasivo: simple espectador del partido, escucha todo lo que sucede desde cualquier lugar sin haber hecho nada.
El fumador: desde el balcón o cerca de la ventana, es una víctima cuasi pasiva. De carácter vencido, ya sabe que se puede spoilear.
El portátil: se entera de los resultados por notificaciones push de McDonald’s y el resto corre el riesgo de enterarse por algún comentario desmedido.
Estos arquetipos no son puros. Uno puede ser el pasivo, fumador y portátil en 15 minutos. Sin embargo, todos construyen ese universo de atrasados porque comparten la misma condición de base: les cantan los goles.
Los partidos se vuelven competencias entre los grupos de personas. Salimos al balcón para ver quién grita antes, para conocer quién se autogestionó mejor la sorpresa. Algo como "yo, espectador con cable, me sorprendí y vos no". 
A todo este evento, se le suma el hermetismo. Los grupos están bunkerizando los hogares, los convierten en espacios herméticos donde no se perciben sonidos exteriores y logran auto-gestionarse la sorpresa, controlarla.
Pero la gran pregunta que tenemos que hacernos hoy es: ¿por qué en el mundo del on demand compramos antenas y sabemos qué es un cable coaxial? Es esa necesidad de estar al tanto y que no nos gane el delay. 
Titulares de los portales Tendencia, Diario UNO y El Submarino.
El delay es el tiempo que transcurre entre que realizamos una acción y el sistema que responde, una demora de tiempo entre la señal que se emite y lo que recibimos. Ese desfasaje en este Mundial parece combatirse con un analógico sistema que uno puede gestionarse, como es la antena. 
Y eso tan simple como poner una antena, se vuelve la proeza del mes que comentás en la oficina, en los grupos y redes. Esa estructura metálica se convierte en un símbolo de deseo de recuperar lo simultáneo, de volver a sorprendernos. 
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Esta nota fue redactada al 100% por un individuo en situación de humano. Cualquier uso de máquinas inteligentes y virtuosas se redujo al mero acceso a la información, investigación y creación de imágenes absurdas. 
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